«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.» — Génesis 1:26
El concepto de imago Dei —la imagen de Dios— es uno de los fundamentos más profundos de la antropología bíblica. Afirma que cada ser humano, independientemente de su origen, cultura o condición, porta algo del carácter divino.
En hebreo, el término tselem (צֶלֶם) se traduce como «imagen» y demut (דְּמוּת) como «semejanza». Ambos términos indican una correspondencia entre el Creador y la criatura —no una identidad, sino una representación.
El ser humano no es Dios, pero refleja a Dios en el mundo creado.
Comprender el imago Dei transforma nuestra manera de ver al otro. Cada rostro es un espejo del Creador. Esta es la base más sólida para la ética, la justicia y la compasión en la tradición bíblica adventista.
Artículo preparado por el Centro de Creacionismo CoAB · Junio 2026